Somos personas como todas las demás, con los mismos deseos, preocupaciones y metas que cumplir. Quizá alguien se adelante y diga: Vosotros sois religiosos, sectarios, gente que se mete en los asuntos de otros. Gente que responde sin que se le pregunte, etc. etc.
Lamentablemente el término ¨Cristiano¨ se ha generalizado a toda persona que afirma serlo siguiendo una religión determinada, obedeciendo normas de ética moral para ganarse méritos delante de Dios. En Irlanda, se les llama Cristianos a un grupo de personas en contra del Catolicismo Romano. En un lugar en Africa, hay un grupo que se les llama Cristianos que pelea a muerte con los Musulmanes radicales, etc. etc.
A la verdad, ¿quienes somos? ¿lo quiere saber? Si no le interesa, siga con la idea de los demás, pero si le interesa, preste por favor un poco de atención. El Cristianismo no es una religión, es una identificación con Cristo. Cristiano significa ¨como Cristo¨.
El Señor Jesús dijo en Su Palabra: ¨Venid a mí, todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sore vosotros, y aprended de mi, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga¨. Mateo 11:28-30 El punto importante radica en su llamado inicial - ¨Venid a mi¨. Sin embargo, nadie quiere venir a él. La agente religiosa, va o se refugia en algo que le pueda identificar como Cristiano; pero no va directamente a Cristo.
El dijo: “Yo soy el camino y la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mi¨. Nuevamente, el punto importante es lo que él dijo: “Yo Soy”. Nadie puede llegar al Padre si no es a través del Señor Jesús. El ser muy religioso no va a salvar tu alma. El pertenecer a una religión determinada no va a salvar tu alma. El seguir a una persona humana, por mas religiosa que sea no va a salvar tu alma. Muchas personas afirman ser Cristianas de nacimiento, o porque han sido bautizadas o confirmadas. ¿Por qué no venir a él cuando él llama? ¿por qué no reconocer lo que él es? Muchos se llaman Cristianos, pero no se han identificado con Cristo.
El Cristiano es toda persona que ha aceptado la salvación que Cristo ofrece. Ahora es Cristo mismo que vive en su vida. El Cristiano es , pues, una persona salvada eternamente de sus pecados. El Cristiano sabe de corazón que ha nacido de nuevo (no físicamente, sino espiritualmente) y que su vida es nueva y esto le motiva a hablar a los incrédulos de su experiencia personal en Cristo; su amor es ahora el amor de Cristo en su vida. Pero, ¿cómo se logra esto?
Esta es una pregunta crucial - uno no puede ser salvo, sin antes reconocer que está perdido. Nosotros, por naturaleza estamos inclinados siempre en hacer todo lo contrario a lo que Dios dice. Nosotros hemos nacido con ese problema. El pecado en nuestras vidas es el problema. Esto es peor que el SIDA, peor que el cancer; peor que cualquier enfermedad en la faz de la tierra. Esto es lo que debemos reconocer y llegar a Cristo con un sincero arrepentimiento; llegar a él creyendo por fe, que él es Dios hecho hombre, el Salvador del mundo.
Pero, para ser salvos, hay que reconocer que nada podemos hacer nosotros mismos para salvarnos; porque él y solo él es el unico y suficiente Salvador eterno. ¨Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda mas tenga vida eterna¨. Juan 3:16
¿Quienes somos nosotros? Somos gente perseguida, burlada, menospreciada, ridiculizada, etc. Bien dijo el Apóstol Pablo - ¨...hemos venido a ser hasta ahora como la escoria del mundo, el desecho de todos¨. I Corintios 4:13 Esto es el concepto del mundo incrédulo, pero Dios no piensa asi de nosotros. Nuestra actitud hacia los incrédulos es de amor y compasión.
El Cristiano verdadero busca al incrédulo para presentarlo delante de Cristo; para mostrarle que Cristo no trajo religión sino salvación; para mostrarle que es mejor tener la salvación en Cristo Jesús, que cualquier cosa que este mundo incrédulo quiera ofrecer, ya sea dinero, fama, popularidad y gozo en esta vida que es corta. “Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”. I Juan 2:17
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